Las jotas que se bailan en Ahigal tienen una particularidad que las distingue: su música.
En ellas, el alma del baile se encuentra en el sonido único de la flauta y el tamboril, por lo que el tamborilero se convierte en el guardián del ritmo, un pilar esencial de esta tradición. En Ahigal el canto no forma parte de la danza, y es la melodía de la flauta y el tamboril la que guía cada movimiento.
Los pasos de la jota mantienen una estructura común, compuesta por varias fases que dan forma a la danza: la entrada, el paseíllo, la patilla y el cruce. Entre cada uno de estos momentos, se da una vuelta completa, marcando el paso de una fase a la siguiente.
Además, es importante notar que los movimientos de los hombres y las mujeres varían: las mujeres comienzan sus pasos con la pierna derecha, mientras que los hombres lo hacen con la izquierda, lo que otorga una armonía sutil y equilibrada a la danza.
La entrada: el inicio del ritmo
La entrada es el primer susurro del baile. Aquí, sólo el sonido profundo del tamboril se escucha, marcando el compás con firmeza. Los bailarines se colocan en parejas, con los hombres alineados en una fila y las mujeres en la otra, cara a cara. En el momento en que el tamborilero da un golpe más fuerte, la danza comienza: las mujeres avanzan tres pasos hacia la derecha y los hombres hacia la izquierda. La cadencia es clara y precisa: uno, dos, tres, y en el cuarto paso, se levanta el pie. Los hombres levantan el izquierdo, mientras las mujeres lo hacen con el derecho, sin subirlo más allá de la rodilla, alcanzando una altura que queda entre el tobillo y la rodilla. Repetirán este movimiento hasta que el sonido de la flauta indique el momento de dar una vuelta completa, cambiando de paso.
El paseíllo: el vals que fluye con la canción
El paseíllo es un paso suave y elegante, un vals que se ejecuta durante la estrofa de la canción. Los bailarines permanecen en su lugar en los dos primeros movimientos, elevando ligeramente los talones, alternando un pie tras otro, hasta que, con el tercer paso, se inicia el deslizamiento hacia un lado. Se repite el paso de vals, para luego regresar al lugar de partida. Al concluir la estrofa, los bailarines dan una vuelta completa para cambiar nuevamente de paso.
La patilla: un salto con ritmo
La patilla es un movimiento lleno de energía y ritmo. En ella, cada salto se realiza alternando el pie. Se comienza con un golpe del pie, luego un paso hacia atrás, y después de contar hasta cuatro, se realiza un nuevo golpe con el otro pie. Este movimiento, que sigue el estribillo de la jota, está acompañado por el tamboril y la flauta. Al terminarse, se da una vuelta completa.
El cruce: el encuentro de las almas
El cruce es un paso que puede realizarse lateralmente o por la espalda. Como su nombre indica, es el momento en que los bailarines intercambian posiciones, cruzando sus pasos. Los pies siguen la cadencia del vals, pero aquí, se dan en puntillas, cruzando los pies mientras se ejecuta el movimiento.
Los brazos: el acompañamiento del movimiento
Los brazos son la extensión natural de cada paso, acompañando el movimiento con gracia y elegancia. Durante la entrada, un brazo se dobla por el codo, con la mano a la altura de los ojos, mientras que el brazo izquierdo permanece estirado, acompañando el caminar con suavidad. En el paseíllo, los brazos se mueven alternadamente, como si fueran los de una costurera que va y viene. En las vueltas, ambos brazos se mantienen elevados, doblados a la altura de los codos.
Durante la patilla, los brazos siguen el ritmo de las piernas: si se golpea con el pie derecho, el brazo derecho baja de forma perpendicular a la pierna, y lo mismo ocurre con el pie izquierdo. En los cruces, los brazos continúan su danza con la misma elegancia, manteniendo el mismo movimiento de las vueltas.
Con esta descripción, hemos recorrido cada paso de una jota que, más que un baile, es una conversación entre cuerpo y música, entre tradición y emoción. Ahora que conocemos su estructura, podemos empezar a sumergirnos en el proceso de baile de cada jota, donde cada movimiento se convierte en una obra de arte viva.